Teresa Cayuela

Teresa Cayuela empezó a trabajar en el Psiquiátrico de Palma con perros de asistencia hace 14 años, pero ahora sus perras Ona y Llum ayudan a los niños discapacitados del colegio Mater Misericordiae y a los ancianos de los geriátricos de la calle Olmos y de Brot de Gíngol de Marratxí.

—¿Cómo son Ona y Llum?
—Son dos Golden adiestradas para ayudar a personas con discapacidades físicas y psíquicas. Ona tiene cinco años y Llum, tres y medio. Además tengo otros tres Golden y dos gatos. Ellos me hacen tan feliz y me dan tanto cariño que siempre he querido compartirlo. Me encanta la frase que dice: «No hay mejor psiquiatra en el mundo, que un perro lamiéndote la cara».

—¿Por qué esta raza?
—Los Golden y los labradores son perros sociables, cariñosos, tranquilos, equilibrados e inteligentes y además tienen un aspecto bondadoso que no asusta. Aunque cuando empecé en el Hospital Psiquiátrico utilizaba una perra Pastor alemán, no todos los perros sirven.

—¿Cómo fue aquella experiencia?
—Fue dura pero muy enriquecedora porque la calidad de vida de los internos que participaron en la terapia mejoró mucho. Éramos cinco personas con sus respectivos perros y todos quedamos bastante impactados. Además mi hermano, que vivía en EEUU, me habló de la labor que hacían allí con los perros y que sobre todo utilizaban labradores y Goldens. Por eso tuve a Kora, mi primera Golden, que ya murió, y con ella inicié la terapia con niños especiales y ancianos.

—¿Cómo adiestra a sus perras?
—Con la ayuda del adiestrador Juan Manuel Blanes, titulado por la Guide Dogs For the Blind y de la Asociación del Perro para la Ayuda Social a la que pertenezco. Tenga en cuenta que un perro que trabaja con personas mayores y con niños discapacitados tiene que ser alegre, atento, cuidadoso con sus movimientos y paciente con las respuestas verbales o físicas de personas que reaccionan lentamente.

—¿Cómo es la terapia que realiza con los niños?
—Depende de las diferentes patologías; se realiza con el seguimiento de una psicóloga y dos terapeutas. Llum apoya su cabeza en las piernas de los niños que van en silla de ruedas para que la acaricien y si no pueden mover las manitas se las lame. Si tienen más movilidad juegan con ellas, las peinan, les tiran pelotas, se re- vuelcan por el suelo, etc. Para todos resulta positivo y sirva como ejemplo Marina, una preciosa niña que va en silla de ruedas y ve muy poquito, que quiere tanto a Llum que según comenta su madre, la llama hasta en sueños.

—¿Y con los abuelos?
—Las perras les saludan uno por uno dándoles la patita y luego les preguntamos cosas sobre ellas para refrescar la memoria. Después juegan a la pelota, las hacen pasar por aros, si pueden pasean con ellas, las acarician, las abrazan y las peinan y al final les dan un premio y todos aplauden, se ríen e incluso a muchos se les saltan las lágrimas de la emoción. No hay palabras para poder explicar lo que se siente, pero sí puedo decir que he asistido a muchos congresos sobre el tema y todo el mundo está entusiasmado con los resultados.

—La web www.harmonytravels. net promociona el turismo de perros, ¿qué opina al respecto?
—Cuando he participado en Exposiciones y Congresos en Zaragoza, Sigüenza, Talavera de la Reina, Valladolid, Barcelona o Madrid, siempre nos hemos alojado en hoteles estupendos con nuestros perros. No entiendo cómo Mallorca, que es uno de los destinos turísticos más importantes de Europa, apenas tiene hoteles que los acepten y encima ponen limitaciones, como el tamaño del perro, etc. Tampoco puedes soltarlos en la playa, llevarlos en bus o entrar en muchos sitios, aunque, claro, es importante que los perros estén bien educados.

Teresa Cayuela y sus perras hacen sonreír a todos «El mejor psiquiatra, un perro lamiéndote la cara»
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